sábado, 26 de enero de 2013

...todo bien


Puedo esconder mis manos para evitar tocarte, mas no mis ganas… Puedo silenciar palabras para ahogar verdades, mas no mis ganas… Puedo ignorar sentimientos para no comprometer, mas no mis ganas… y a veces mis ganas me juegan malas pasadas…

El tiempo diluye todo, incluso las necesidades más básicas, pero que el reloj no pare, no significa que no se encuentre ese placer ancestral de acurrucarse íntimamente en lo conocido, en lo acogedor…

Aprendemos a posponer decisiones complicadas y nos dejamos llevar haciéndonos prisioneros voluntarios del día a día. Aparentamos que todo va bien aún sin querer lo que tenemos por miedo a perderlo.

A veces hay que luchar, pero otras, una retirada es una gran victoria. Casi siempre tiramos demasiado de la cuerda, casi siempre la cuerda se rompe y con un poco de suerte no nos da en las narices, mas en ocasiones hay que dejar que la cuerda no parta, por respeto, por madurez, por cariño, por todo lo compartido, por hacer un pequeño homenaje a los buenos momentos vividos…

Me gusta la gente que es lo que es, sin zarandajas… me gusta la gente que lucha hasta el final y también la que sabe cuando llegó éste… me gusta la gente que no finge, que no esconde, que es capaz de hacer suyos momentos muy complicados… me gusta la gente que sin olvidar quién es se adapta a las situaciones lo mejor que puede… me gusta la gente que se desnuda sin pudor ante los suyos… me gusta la gente que tiene la mirada sincera… me gusta la gente que de sus imposibles crea una posibilidad…

No logro entender que no aproveche cada oportunidad, cada posibilidad, cada momento para acurrucarse… claro que mis imposibles son sus posibles y en ocasiones los posibles nos pasan desapercibidos…

Deseo que ese “todo bien” sea mucho más real de lo que ha sonado en mi cabeza. Sigo estando ahí, como siempre...

viernes, 11 de enero de 2013

Esencia de promesa


…Qué difícil es estar tan cerca y no poder besarte…, había dicho en pensamientos una y mil veces mientras trataba de conciliar el sueño.

…Qué difícil es estar tan cerca y no poder sentirte…, había dicho con la mirada mientras buscaba el arcoíris entre el blanco y el negro.


Aún no creía que hubiera sacado aquel billete. El tren traqueteó durante unas  horas. Las imágenes que la ventana le devolvía cambiaban paulatinamente. El amarillo iba desapareciendo y el verde invadía cualquier espacio. Su aventura podía ser una locura, pero sería una gran historia que contar a los nietos, pasara lo que pasara…
El amanecer le acompañaba en su pequeña escapada. Una pequeña maleta le recordaba que su decisión parecía parte evidente de una enajenación pasajera. Bajó la ventanilla para disfrutar del primer aire del alba. No había mucho tráfico, le gustaba conducir…


Allí estaba… Inés se había descalzado, hacía demasiado tiempo que no sentía bajo sus pies esa sensación tan deseada. Aún le quedaba media hora…
Desde la cafetería podía descubrir una y otra vez aquel paisaje que no reconocía y tanto había echado de menos. Juan disfrutaba de su café…


Las siguientes horas transcurrieron entre palabras mudas preñadas de deseo, suspiros robados a caricias prohibidas, y preguntas impedidas que por fin encontraban voz. Unas horas, unos instantes… una vida tornada en esencia…


Hace algún tiempo, Inés y Juan habían prometido encontrarse lejos de todo. Entre risas y bromas, eligieron un lugar desconocido para ambos, un día al azar y una hora. Ninguno volvió a mencionar la conversación, mas ninguno de los dos la olvidó…

sábado, 5 de enero de 2013

Carta a los Reyes Magos


Queridos Reyes Magos:

A lo largo del año he recibido muchos regalos. Algunos eran pequeños detalles, otros grandes presentes… traté de dar las gracias por todos ellos, aunque siempre me quedó la sensación de que no los agradecí lo suficiente.

Este año quiero que me traigáis palabras para agradecer todo aquello que reciba, para arropar a mi gente en los momentos que lo necesiten, para seguir escribiendo pequeños relatos, para seguir siendo… También quiero seguir escuchando, besando, abrazando, sonriendo, sintiendo… Quiero poder seguir disfrutando de los grandes momentos que se presenten, pero sobre todo de los pequeños, de esos que duran unos instantes, de esos que marcan las diferencias, de esos que tanto me gustan. Quiero seguir teniendo la capacidad de sorprenderme, y de ruborizarme (es una tontería, lo sé…). Quiero poder ayudar cuando me pidan ayuda, pero sobretodo quiero poder ayudar cuando Mi Gente lo necesite y no lo pida… Quiero estar, no perderme nada y lo que me pierda que lo cuenten haciéndome sentir que estaba allí… Quiero seguir sintiéndome útil, querida, parte de la vida, parte de Mi Gente… Quiero seguir teniendo la capacidad de disculparme, de pedir perdón cuando cometa errores… quiero seguir luchando por aquello que creo que merece la pena… quiero…

Y para terminar… quiero un libro, quiero que me traigáis una historia. Ninguno en particular, sólo será la pequeña prueba material de que esta carta llegó a su destino.


¡Ah! Lo olvidaba, haced que esta noche sea mágica para todos aquellos que aún cuidamos de nuestro pequeño niño interior…
                      (Pondré leche y galletas… como siempre…)

lunes, 31 de diciembre de 2012

...despacito, que me gusta más


Aún estoy… en ese estado…  aunque si lo pienso, siempre lo estoy. Siento no poder dejar de pensarte, pero te guardo en el alma, las has calado, tatuado sin preguntar. Dicen que el mayor error del ser humano es intentar sacarse de la cabeza lo que habita el corazón… Me tiritan las piernas… y no es porque fuera haga tiempo acorde con las fechas, sigues siendo tú…

No he elegido, pero siento; no he buscado pero encuentro… trato (¡¡vive dios!!) de no pensar y las imágenes me asaltan a cada momento (no sé cómo evitarlo); sin lagunas... y despacito…

No quiero conformarme, estoy harta de dejar que la vida pase; y lucho hasta donde las fuerzas me lo permiten; pero soy muy consciente que cada uno está donde quiere estar… los sueños se persiguen; los problemas se solucionan; los errores se subsanan; y las complicaciones se simplifican… al final la vida no es tan complicada…

Dime que estas donde quieres estar y eres feliz; me vale… quiero que seas feliz, pleno… sólo quiero eso.

martes, 18 de diciembre de 2012

Delirios febriles



Acariciaba mi nombre al pronunciarlo, aunque eso fue en otro tiempo. Me acurrucaba bajo su piel, sintiendo el calor que adormilaba mi mente y despertaba sensaciones olvidadas. Su voz sabía a escondido deseo no pronunciado… Mas otros tiempos han llegado, todo quedó bajo la arena del reloj que presidía mi turno.

Tiempo tornado a menos, tiempo de consejos enojados, tiempo de despreciadas despedidas, tiempo atropellado… aunque ese era mi tiempo… impresiones ignoradas pero dolorosas.

Soy reina de mi silencio para evitar ser esclava de mis palabras. Aún desconozco qué pasó o cuál fue el detonante… la información abroncada ya la conocía, no necesitaba el mal gesto… ¿revulsivo? no funciona así, no cuando el momento había sido precedido por instantes de agradable conversación… unos metros y unos minutos cambiaron la situación…

Añoro el tiempo sin prisas, las miradas mudas llenas de significado, la naturalidad de los abrazos, los besos inocentes, las conversaciones insaciables, las cómplices sonrisas… añoro los consejos de amigo…

El miedo levanta muros y con ellos llena de trampas los sentimientos. Evito mirar atrás, pues tras de mí no hay nadie… si infinitas caídas. Y me quedo del lado de la puerta que conozco aún a sabiendas que tras el umbral no hay precipicio, como mucho otro doloroso revolcón vital del que (seguro) aprendería algo nuevo. Y me escondo en los mordidos besos de los recuerdos, que inconscientemente me golpean día a día. Y encuentro que aquello que quise pensar inédito, era (simplemente) algo más. Instintivamente guardo mis gestos tras detalles íntimos que imagine exclusivos, los hice exclusivos y los escondí ante los ojos públicos ¡que mejor lugar! (¡inocente!).


… …
Cada día vuelvo a perderme… en ti y contigo… sin elegirlo, sin provocarlo… sin querer.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Palabras... y más...


Caprichosos los acontecimientos que surcan el día a día (o la falta de ellos)… Cuando la vida se vuelve monótona, anodina, rutinaria… cuando la vida se vuelve en contra, el tiempo te da la posibilidad de repasar antiguos sucesos, viejas experiencias, vetustas conversaciones, añejos comentarios… el tiempo te da tiempo para pensar y repensar (no es un regalo, es una tortura).

Y entre pensamiento y repensamiento, de vez en cuando, aparece una sonrisa (a veces tonta, y otras sarcástica) que me lleva a cerrar los ojos y revivir (…y sentir). Torbellino de sensaciones y sentimientos, amalgama de situaciones que me trasladan a otros tiempos (algunos mejores y otros… en fin…). 

Impertinentemente hay sucesos que regresan para intentar martirizarme, sin lograrlo (aunque el tiempo y la duda van de la mano).  Y me enfado (conmigo misma, por supuesto) por haber sido tan tonta y tragar tantas mentiras de patitas cortas; y me sonrojo cuando mi piel recuerda; y me entristezco cuando a pesar de los esfuerzos las palabras se desvanecen, porque sólo eran eso, palabras… palabras, ésas que acompañan todos (o casi todos) los recuerdos que guardamos en nuestros pequeños baúles interiores, palabras que en su momento fueron motivo de orgullo ahora te entristecen; palabras que exigieron y no supieron dar; palabras que acusaron sin verdades en la mano; palabras que colorearon días grises; palabras que se escaparon y huyeron; palabras onomatopéyicas llenas de significado; palabras que prometieron y luego abandonaron; palabras eternas que se volvieron caprichosas y olvidadizas; palabras…

Y después de pensar y repensar; y después de dejar que el tiempo genere la duda; y después de sonrojarme, entristecerme, añorar… y sonreír; dejo que las palabras regresen a ese lugar para volver a ellas en otro momento… cuando la soledad con mayúsculas haga de nuevo su aparición acompañada de sus estrellas, las palabras…

jueves, 8 de noviembre de 2012

El placer de una nueva sonrisa... reencontrada...


Juan trasteaba en el cajón de su escritorio, parecía haber perdido un trocito de cielo en él. El teléfono sonó. Era una comercial a la que había dado largas el día anterior. Aún no había hecho la comparativa económica, se disculpó y colgó. Aquel cajón aumentaba de tamaño por momentos. ¿Cómo había llegado aquel paquete de tabaco allí? …buscó el mechero, abrió la ventana… ¿Dónde lo habría puesto?

Inés asistía, sin demasiado entusiasmo, a una pequeña reunión con el director de la empresa a la que habían contratado para que les guiara en el proceso de su certificación de calidad. Aquel hombre se creía el ombligo del mundo, su nivel de pedantería rozaba la perfección. Tenía que hacer verdaderos esfuerzos para no evadirse de la conversación. ¿No se quedará mudo por un momento? pensaba mientras asentía con la cabeza. Al oír como daba por concluida la reunión y los citaba para dentro de un mes, no pudo evitar sonreír con evidente alivio.

Juan e Inés trabajaban de nuevo juntos, aunque apenas se veían. Los inicios de la empresa eran estresantes, todos tenían demasiado trabajo que planificaban en una reunión semanal, la coordinación entre los diferentes departamentos era esencial para que el proyecto no se desmoronase antes de empezar. El viernes había sido el día elegido para que la reunión fuera eficaz, repaso de los objetivos alcanzados durante la semana, y fijar los de la siguiente. Y una vez finalizada la semana se dirigían a un bar cercano para tomar unas cañas todos juntos y diluir los pequeños roces que surgían al trabajar bajo tanta presión.

Las risas, los chistes, los comentarios personales… hacían grupo, todos se sentían parte importante de la empresa, cada uno era un engranaje esencial para el proyecto que tenían entre manos. Inés había quedado para cenar, así que se dirigió a la barra para pagar aquella primera ronda. Juan se acercó, posó su mano sobre la cintura de Inés…

-No me digas que ya te vas.- le susurró al oído mientras sus cuerpos se rozaban levemente.
-He quedado para cenar. No puedo quedarme. Aún tengo que pasar por casa.- le dijo mientras trataba de llamar la atención del camarero.
-Déjame que te invite a otra caña y luego te vas.
-No puedo Juan, tengo cuarenta minutos para llegar a casa, ducharme, arreglarme un poco y llegar al restaurante.- le comentó apresurada mientras recogía la vuelta del platillo que el camarero había dejado delante de ella.
-Me apetecía que te quedaras un rato más… otro día…

-Hasta el lunes, chicos. No seáis muy malos este fin de semana.- se despidió Inés del grupo sentado a una de las mesas del local.

Se dirigió a la puerta, mientras rebuscaba en su bolso… las llaves del coche, el mechero… Había aparcado delante del bar, estaba a punto de cerrar la puerta cuando escuchó como alguien gritaba su nombre. Era Juan, traía su móvil de la mano.
-Olvidabas tu teléfono.
-¡Muchas gracias! Las prisas nunca me han sentado bien.
-Toma. Buen fin de semana.- le deseaba Juan mientras se acercaba y le daba un beso en los labios. Mientras presionaba el pequeño botón de su tesoro encontrado.


...Inés se quedó quieta, como si un pequeño terremoto hubiera tomado vida en ella, el reloj dejó su martilleante ritmo olvidado… mmmmm esa vibración la amarraba. Juan sonrió, giró sobre sus pasos y desapareció tras la puerta del bar… y con él esa maravillosa sensación de sentirse viva…

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