miércoles, 14 de mayo de 2014

...sílbame...

Últimamente, no encuentro palabras para describir las situaciones que se dan a mí alrededor, y lo peor de todo es que tampoco las encuentro para describir como me hacen sentir. Supongo que me estoy haciendo mayor, que mis canas ya no son exclusivamente visuales, ahora se están convirtiendo en ejemplos claros de mi desasosiego personal (y tengo unas cuantas). Aunque también he de escribir que la sensación que tengo es que sigo siendo una niña, de las que creen que cuando se dice algo es cierto, de las que piensan que las promesas se cumplen, de las que sienten de verdad y dicen la verdad, de las que inventan cuentos y tienen sueños, de las que sienten que el refugio más seguro es el que la familia presta y los amigos dan; de esas niñas que todos tratábamos de no ser y en el fondo éramos.

Así que al parecer tengo una clara descompensación entre lo que mi cuerpo dice que soy y lo que yo creo que soy (y cuando digo “soy”, me refiero a “siento”). Mi cuerpo quiere que sea adulta, que vista como una señora de caderas anchas y redondeces varias; y yo quiero seguir con mis vaqueros viejos, mis camisetas desgastadas, mis zapatillas… Mi cuerpo quiere que acepte que los demás tienen sus vidas y eso les excusa a la hora de empatizar; y yo quiero que a pesar de que cada uno tiene su vida y las prioridades cambian, haya cosas que no cambien nunca… Mi cuerpo quiere que deje los sentimentalismos aparcados; “las cosas son así” no para de repetirme;  y yo quiero…

Y yo quiero que la vida transcurra, pero seguir sintiendo que necesito de mi gente y que mi gente está ahí; seguir sintiendo que soy necesaria para los míos, para mi gente, para mis amigos… Y a veces eso solo significa un mensaje que diga “me lo pasé genial, me hubiera encantado que estuvieras” o “he tenido un día de perros, ¿qué tal el tuyo?” o “oí esto y me acordé de ti”…


Quizás parezca sencillo, pero al parecer no lo es…




martes, 29 de abril de 2014

No sé vivir comedida...

No sé vivir comedida, no sé hacerlo… es más, no quiero hacerlo. Y con ello no digo que no haya que tener mano izquierda, o ser cortes o educada, en ocasiones ridícula incluso los hay que se atreverían a llamarlo hipocresía. Otros me acusarían de exceso de sensibilidad, de empatizar en demasía. Cada uno que lo vea como quiera (no soy nadie al fin y al cabo). Lo que sé y la gente que me conoce sabe que… no sé vivir comedida…

Cuando río; río de verdad...
Cuando lloro; lloro de verdad...
Cuando estoy triste; lo estoy de verdad...
Cuando beso; beso de verdad...
Cuando muerdo; lo hago de verdad...
Cuando me lo paso bien; lo hago de verdad...
Cuando protejo; protejo de verdad...
Cuando quiero; quiero de verdad...
Cuando halago; halago de verdad...
Cuando amo; amo de verdad...
Cuando disfruto;…
Cuando vivo;…

No sé vivir comedida, no sé. Las medias tintas pueden estar bien, pero no para mí. Puedo aparentar durante cinco minutos e irme y dejar la sensación deseada; si esos cinco minutos se alargan, esa sensación será posiblemente equivocada. No sé ser comedida, quizás un error importante, quizás debería aprender… 

(También debería aprender a no escribir con más de 38ºC de temperatura, pero eso no sé lo contaré a nadie, ni tú tampoco… shhhhh)




viernes, 14 de febrero de 2014

¡Feliz 14 de febrero!

Vaya, ya estamos en febrero. San Valentín, nada más y nada menos. Una fecha que despierta pasiones; pasiones de todas las clases, gustos y colores. Mirad alrededor y observad.

Hay personas que viven esta fecha como si fuera el día más importante de su vida; compran decoración, fresas, champán, ropa interior sexy… con un poco de suerte tendrán pareja para compartir un gran momento y si no la tienen, esperaran a que suene el timbre y aparezca la persona… (nunca se sabe, esas cosas pasan… a la conocida de una amiga de una amiga…).

Hay personas que reniegan, no quieren oír del tema. ¡Tonterías y más patrañas! 14 de febrero, viernes; víspera de fin de semana. Un día como otro cualquiera, trabajo, casa, amigos, familia… (luego celebran el día de San Patricio como una de las grandes fechas del año, en fin, cada uno celebra lo que quiere y puede).

Hay personas que retrasan momentos especiales para vivirlos en fecha tan señalada, así no tendrán que recordar una fecha más. ¡San Valentín! Hoy toca celebración, regalo y momentazo. Sin complicaciones (simples, sencillos, prácticos…)

Hay personas que lo celebran, pero no junto a quien quieren estar, lo celebraran con su pareja deseando que llegue ese mensaje, ese wassap, ese telegram… para dejar que la sonrisa real salga a la luz. (Triste, lo sé, pero esto, esto pasa mucho más que lo del timbre…).

… …
… …

Ya os lo decía, pasiones de todo tipo de clases, gustos y colores. Y a pesar de todo ello, el calendario hoy dice que es 14 de febrero, San Valentín, día de los enamorados… Una celebración, una excusa para dar un beso un poco más tierno, un abrazo un poco más largo o una caricia un poco más… (seguro que se os ocurre una palabra para terminar la frase). Y seguro que todos estamos, (de una manera u otra), enamorados… enamorados de nuestra ciudad; de nuestra pareja; de nuestro país (o del último que visitamos); de nuestro trabajo; de nuestros amigos; de nuestra familia; de nuestros sueños; del vecino de séptimo; o de nuestro perro… Y para celebrarlo que cada uno lo haga sin sentirse coartado, cohibido o presionado… un libro es tan buen regalo como una sonrisa o un “buenos días”… así que salid ahí y celebrarlo (que con la que tenemos encima cualquier motivo de felicidad es estupendo).


¡Feliz San Valentín! ¡Feliz día de los enamorados! ¡Feliz 14 de febrero! ¡Feliz viernes!

martes, 11 de febrero de 2014

El reflejo...

El espejo devuelve la imagen que tú quieres ver, o al menos, la que eres capaz de ver. 

El mío no devuelve gran cosa, la mayoría de las veces tan solo devuelve una figura emborronada con cartelitos que no logro leer aunque, en esencia, los entienda.

Emborronada por las circunstancias, por las dolencias, por los años, por la rutina, por los pensamientos infinitos que comienzan siendo sonrisas y terminan siendo… Emborronada al fin y al cabo.

Solo veo una persona cansada de luchar contra molinos de viento. Y aunque de vez en cuando se dé una vuelta en uno de sus majestuosos brazos termina en el suelo empuñando la lanza para arremeter contra… no sé muy bien contra qué.

El reflejo no deja lugar a dudas, garabateada, incluso invisible; aturullada, incluso arrugada; rendida…


Y entre las arrugas aún se puede entrever las ganas que de vez en cuando afloran y rinden su pequeño homenaje a lo que un día fue, antes de ser engullidas de nuevo por la visión que el cristal devuelve. Ensoñaciones apagadas de lo que quiso ser y no fue.

Y sales a la calle, sin rumbo fijo, para poder decir al menos: “hoy salí” y te sientes transparente, cual fantasma, sin cadenas, sin horripilante voz, sin… transparente.


Sé que todo esto será temporal, eso me dice desde su gran púlpito mi cabeza, pero me siento tan cansada, tan apagada, tan triste… que todas mis ganas son de desaparecer, de abandonar, de huir… Sé que no puedo dejarme, no puedo rendirme… pero cada día las ganas son menos, las fuerzas flaquean y la idea de descansar comienza a ser demasiado atractiva…



Emborronada, transparente, cansada, abandonada… el reflejo tras el cristal.

viernes, 6 de diciembre de 2013

"¿malos sueños?" ...

… La mudanza estaba siendo un desastre, cada vez que abría una puerta aparecían más y más libros. Ya no había cajas donde guardarlos.

Necesitaba un descanso.

El cenicero rebosaba colillas que nunca mataron la ansiedad que prometieron eliminar. El efecto placebo era efímero, unos minutos y el monstruo de los malos pensamientos volvía a escena sin esperar a levantar el telón.

… Las lanas ya estaban embaladas en un gran cesto de trapillo. Las fotos yacían junto a la puerta, amontonadas, perdiendo la magia del momento capturado… todo lo demás no tenía ninguna importancia, los demás podrían guardarlo sin muchos problemas… demasiadas cosas, demasiada gente, demasiadas manos…

Dejaba la casa y no sabía dónde iba a vivir… la sensación era de abismo; no de precipicio, de abismo… y rasgaba cada mirada, cada caricia, cada momento… las decisiones más simples se convertían en feroces batallas internas que dejaban entrever las entretelas de su vorágine interna. ¿Guardar la vajilla con sumo cuidado o simplemente empaquetarla para que sobreviva a la mudanza? ¿Cómo iba a envasar todos los momentos vividos en esa casa? Inés necesitaba escapar, llevaba demasiado tiempo enlatada en aquella absurda mudanza, llevaba días sin descansar, llevaba toda la vida planificándola.

La puerta dejó entrar una figura conocida, sorprendida por aquella visita inesperada se acercó con la explicación de aquel caos saliendo de su boca, aunque no llegó a pronunciar todas las palabras,  se abandonó en aquellos brazos que la rescataron de todo aquello y se echó a llorar…

...


Las seis de la mañana y no sabía dónde estabas, el desasosiego hacia acto de presencia, no sabía dónde estabas; como todas las noches, ¿por qué aquella era diferente? Dicen que cuando dos almas se encuentran tienen una conexión especial (… tonterías)… la intranquilidad física iba en aumento aunque sabía que habías estado paseándote por mis sueños. ¿Por qué te empeñas en hacerme pasear con una venda en los ojos y hacerme sentir?…


miércoles, 24 de julio de 2013

Quizás

Quizás debí contártelo antes, pero no quería molestar (odio esa sensación, seguramente me la provoco yo).
Quizás debería haber acudido a ti, no para que soluciones nada, sino para que me dieras un abrazo de esos que se dan sin prisas, sin palabras, solo para saber que estás conmigo.
Quizás solo tenía que haberme dejado llevar por mi primer impulso, que fue llamarte, pero luego pensé que estarías cansado y con demasiados objetivos cercanos como para preocuparte.
Quizás debí recordar aquello que me dijiste tan enfadado “…los amigos siempre tienen tiempo…” pero otras veces, cuando lo intenté, no pudiste…
Quizás simplemente no quería que me juzgaras, sé que posiblemente no lo hubieras hecho (o sí) pero no era capaz de enfrentarme a ninguna crítica y la verdad es que aún no tengo fuerzas para ello, pero al menos soy capaz de escucharlas y posponer el momento del “derrumbe” unos instantes (los suficientes para salir corriendo).
Quizás no aprenda nunca a creer que hay alguien ahí fuera que se preocupa de esa manera por mí. Quizás te haya decepcionado (una vez más) y eso precisamente es lo que mantiene lejos...

Quizás… ahora ya no sepa como acercarme, … quizás…





miércoles, 3 de julio de 2013

...aciagos tiempos


Se suponía que el alprazolan evitaría que su subconsciente se hiciera tangible. El aire volvía a ser escaso, aquellas bocanadas desesperadas no lograban darle sosiego. Sabía que era una situación abocada a un pronto final… pero la angustia iba ganando la batalla. Las imágenes se agolpaban en su mente, consciente de que eran representaciones ficticias. Recorrió el pasillo hasta el  baño para intentar que una ducha la ayudara a relajarse…

Tristes y aciagos tiempos la enredaban… no era capaz de recordar de dónde había sacado las fuerzas en situaciones peores… las lágrimas se fundían con el agua tibia que recorría su cuerpo, la respiración comenzaba a tener un ritmo casi normal. Nunca había sido tan consciente de su respiración. No podía evitar oír los gritos que había oído minutos antes en sueños; ni ver las caras de mofa; ni sentir como el reloj se reía mientras corría a velocidades vertiginosas; ni lograba entender lo que la pantalla del ordenador le devolvía… un agujero negro con forma de auricular que la desmembraba dejando de forma fantasmagórica sus manos sobre el teclado y su boca con el diminuto micrófono en el ansiado puesto de trabajo… no podía evitar…

Cerro el grifo, se envolvió en la toalla y salió al patio con un gran vaso de agua muy fría. Cuando logró recuperar la compostura cogió el teléfono y marcó el número del centro de salud. Las cuatro y cuarto de la mañana, mas la locución no descansaba, no lo necesitaba.

Su médico de cabecera le extendió el parte de baja y se interesó por cómo le afectaba la medicación. El alprazolan no lograba que sus noches fueran más tranquilas y la venlafaxina no ahuyentaba aquella necesidad de bajarse del mundo. Aunque los ataques de llanto no eran tan frecuentes y casi lograba controlarlos. La citó para la semana siguiente.

Mientras se dirigía a la empresa, su respiración se fue agitando, trató de pensar que aquello era un paseo, un rato que no pasaría entre cuatro paredes… casi lo logra… dejó el parte de baja mientras la administrativo se preocupaba falazmente por su salud… huyó del lugar lo más rápido que su buena educación le permitió. Sólo quería llegar a casa antes que aquel ataque repentino de “llanto fácil” se apoderara de ella…


A veces la lucha más complicada era la que mantenía entre la necesidad de seguir adelante y la certeza de que no podía ser a cualquier precio… llegó a casa, se acurruco entre las sabanas y deseó que el tiempo corriera vertiginosamente…

 

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