martes, 19 de febrero de 2013

Treinta y nueve...


Habían pasado días, todo lo escrito se revolvía contra ella, aquel cuaderno la seguía señalando con el dedo. Las páginas manchadas de tinta no encontrarían más que un dulce descanso en alguna de las estanterías de su habitación.

Escribía para despojarse de la imagen que el espejo le devolvía, o al menos de la que ella creía ver, autocríticas mal plasmadas, palabras que sacaban las uñas y la herían sin control. Y el poder de las mismas era tal, que su cuerpo comenzaba a sentirse enfermo. Nada llenaba su tiempo, la cámara lenta se había instalado en su vida. Ni su trabajo, insano trabajo, ni su afición a la lectura, ni… nada.
Acurrucada bajo las mantas mientras la fiebre acampaba con ella sin motivo aparente, repasaba y regresaba a momentos vividos, a momentos inventados, a momentos dolorosos, a momentos… y se marcaba pequeñas metas, para el día siguiente (con permiso de la fiebre, claro está), para el fin de semana, para el mes siguiente, para el año siguiente… pequeñas metas. Y cuando la decisión aún estaba aflorando la necesidad acuciante de desaparecer diluida bajo aquellas mantas cobraba vida…
…quizás una ducha evitaría aquello que parecían ser pensamientos provocados por delirios más que por razonamientos personales… las tiritonas hacían que disfrutar del agua deslizándose sobre su piel fuera un mal relato erótico, se obligó a mantenerse bajo el chorro de agua templada unos minutos más, su piel erizada transmitía sensaciones contradictorias, salir o no salir, esa era la decisión. El frío se apoderó de su cuerpo aunque el termómetro no estuviera muy de acuerdo, treinta y nueve, un bonito número… Regresó de nuevo bajo las mantas, sus dientes marcaban un ritmo desigual, atropellado, desesperante. Se abandonó al tiempo, a las críticas, a las sensaciones, al cansancio… al sueño y por fin logró que dos horas parecieran cinco minutos… de regreso a la cruda realidad aquel bonito numero había reducido su importancia, treinta y ocho y medio era un número de lo más común. Empapada en sudor se dirigió a la cocina, necesitaba beber algo, aunque no le apetecía demasiado. Allí, encima de la mesa blanca, estaba aquel cuaderno de pastas rojas, aquel malvado conjunto de palabras que empezaban a resonar de nuevo en su cabeza, leyó las últimas líneas mientras tomaba un sorbo de agua de un vaso desproporcionadamente grande… las últimas líneas no eran más que producto de la fiebre que la acompañaba…

“…el cartero había dejado un gran sobre en el buzón. No había remitente, una etiqueta perpetraba su nombre de forma tan anodina que casi se sentía ofendida, ninguna señal, nada. Publicidad, pensó mientras entraba en casa, dejó el correo encima de la mesa del salón, encendió la calefacción, llenó una olla con agua y un poquito de sal, sacó la ropa de la lavadora, encendió el ordenador, tendió la ropa en el tenderete del pasillo, contestó una llamada de teléfono (esta vez sí era publicidad), puso la pasta en el agua hirviendo… tras la comida se fumó un cigarrillo sentada en los escalones del patio, sus hijos dormían la siesta como siempre, y cuando regresó al salón vio de nuevo aquel sobre… encendió la televisión, alguna cadena echaría una película decente… Abrió el sobre, no entendía muy bien el contenido, de hecho volvió a comprobar que era su anodino nombre el que estaba escrito en el sobre… un billete de bus a un pueblo que no conocía y la reserva de una habitación en un pequeño hotel del mismo, unas instrucciones extrañas le indicaban la fecha, la hora de una cena a la que estaba invitada…”

lunes, 28 de enero de 2013

Espiral de indiferencia...


…la manta se deslizó dejando al descubierto su cuerpo desnudo. Se había escondido tras un cigarrillo con el fin de olvidar lo visto unos minutos antes…
Aquel ascensor no era peligroso en si mismo, el verdadero peligro habitaba en lo que su poderosa imaginación le había mostrado dentro de él y le había hecho sentir de forma tan vívida.
Las palabras aún retumbaban en su cabeza, junto con las imágenes proyectadas de forma repetitiva… entraba sin remedio en la espiral de la indiferencia y no veía salida posible…

“…demasiado complicado…” le había oído decir entre lagunas de memoria y besos prohibidos.

“…estás loco, tienes estabilidad y una vida casi hecha… simplemente tienes una mala racha, olvidarlo es lo mejor que puedes hacer…” las palabras brotaban de la boca de alguien que apenas conocía.

“… ¿…ella… por qué no yo?... “éstas no salieron al exterior, pero fueron gritadas tantas veces que parecían las más reales.

Así, sin más, fue vetada en sus propios sueños… malas pasadas que juega el subconsciente cuando le dejamos campar a sus anchas.
Se había despertado como cuando tenía pesadillas siendo pequeña, ignorando las imágenes y haciendo que la lógica regresara a su cama. Empapada en sudor se envolvió en una manta y salió al patio en busca del frío. Sentada en los escalones, mientras apuraba un cigarrillo… las estrellas aún la contemplaban…  desterraba imágenes amenazadoras, sensaciones aterradoras y pensamientos ridículos, su móvil anunciaba que su subconsciente veto no era más que un mal sueño.

-“…estas despierta? …puedes salir un momento?”
Leyó el mensaje, incrédula, un par de veces y se asomó a la puerta…
…una sonrisa la acogía y hacía desaparecer el mundo…
Se acercó y rozo sus labios sin apenas susurrar una palabra. Saboreó cada segundo…
-“…sólo quería besarte…”
Subió a su coche y desapareció…

El sonido del teléfono se hizo atronadoramente real, era la alarma que anunciaba un nuevo correo… abrió los ojos… sólo eran las seis menos cuarto de la mañana… sólo había sido un extraño sueño… sólo era lunes… sólo…

…espiral de indiferencia que la sumía en la más absoluta impotencia…

sábado, 26 de enero de 2013

...todo bien


Puedo esconder mis manos para evitar tocarte, mas no mis ganas… Puedo silenciar palabras para ahogar verdades, mas no mis ganas… Puedo ignorar sentimientos para no comprometer, mas no mis ganas… y a veces mis ganas me juegan malas pasadas…

El tiempo diluye todo, incluso las necesidades más básicas, pero que el reloj no pare, no significa que no se encuentre ese placer ancestral de acurrucarse íntimamente en lo conocido, en lo acogedor…

Aprendemos a posponer decisiones complicadas y nos dejamos llevar haciéndonos prisioneros voluntarios del día a día. Aparentamos que todo va bien aún sin querer lo que tenemos por miedo a perderlo.

A veces hay que luchar, pero otras, una retirada es una gran victoria. Casi siempre tiramos demasiado de la cuerda, casi siempre la cuerda se rompe y con un poco de suerte no nos da en las narices, mas en ocasiones hay que dejar que la cuerda no parta, por respeto, por madurez, por cariño, por todo lo compartido, por hacer un pequeño homenaje a los buenos momentos vividos…

Me gusta la gente que es lo que es, sin zarandajas… me gusta la gente que lucha hasta el final y también la que sabe cuando llegó éste… me gusta la gente que no finge, que no esconde, que es capaz de hacer suyos momentos muy complicados… me gusta la gente que sin olvidar quién es se adapta a las situaciones lo mejor que puede… me gusta la gente que se desnuda sin pudor ante los suyos… me gusta la gente que tiene la mirada sincera… me gusta la gente que de sus imposibles crea una posibilidad…

No logro entender que no aproveche cada oportunidad, cada posibilidad, cada momento para acurrucarse… claro que mis imposibles son sus posibles y en ocasiones los posibles nos pasan desapercibidos…

Deseo que ese “todo bien” sea mucho más real de lo que ha sonado en mi cabeza. Sigo estando ahí, como siempre...

viernes, 11 de enero de 2013

Esencia de promesa


…Qué difícil es estar tan cerca y no poder besarte…, había dicho en pensamientos una y mil veces mientras trataba de conciliar el sueño.

…Qué difícil es estar tan cerca y no poder sentirte…, había dicho con la mirada mientras buscaba el arcoíris entre el blanco y el negro.


Aún no creía que hubiera sacado aquel billete. El tren traqueteó durante unas  horas. Las imágenes que la ventana le devolvía cambiaban paulatinamente. El amarillo iba desapareciendo y el verde invadía cualquier espacio. Su aventura podía ser una locura, pero sería una gran historia que contar a los nietos, pasara lo que pasara…
El amanecer le acompañaba en su pequeña escapada. Una pequeña maleta le recordaba que su decisión parecía parte evidente de una enajenación pasajera. Bajó la ventanilla para disfrutar del primer aire del alba. No había mucho tráfico, le gustaba conducir…


Allí estaba… Inés se había descalzado, hacía demasiado tiempo que no sentía bajo sus pies esa sensación tan deseada. Aún le quedaba media hora…
Desde la cafetería podía descubrir una y otra vez aquel paisaje que no reconocía y tanto había echado de menos. Juan disfrutaba de su café…


Las siguientes horas transcurrieron entre palabras mudas preñadas de deseo, suspiros robados a caricias prohibidas, y preguntas impedidas que por fin encontraban voz. Unas horas, unos instantes… una vida tornada en esencia…


Hace algún tiempo, Inés y Juan habían prometido encontrarse lejos de todo. Entre risas y bromas, eligieron un lugar desconocido para ambos, un día al azar y una hora. Ninguno volvió a mencionar la conversación, mas ninguno de los dos la olvidó…

sábado, 5 de enero de 2013

Carta a los Reyes Magos


Queridos Reyes Magos:

A lo largo del año he recibido muchos regalos. Algunos eran pequeños detalles, otros grandes presentes… traté de dar las gracias por todos ellos, aunque siempre me quedó la sensación de que no los agradecí lo suficiente.

Este año quiero que me traigáis palabras para agradecer todo aquello que reciba, para arropar a mi gente en los momentos que lo necesiten, para seguir escribiendo pequeños relatos, para seguir siendo… También quiero seguir escuchando, besando, abrazando, sonriendo, sintiendo… Quiero poder seguir disfrutando de los grandes momentos que se presenten, pero sobre todo de los pequeños, de esos que duran unos instantes, de esos que marcan las diferencias, de esos que tanto me gustan. Quiero seguir teniendo la capacidad de sorprenderme, y de ruborizarme (es una tontería, lo sé…). Quiero poder ayudar cuando me pidan ayuda, pero sobretodo quiero poder ayudar cuando Mi Gente lo necesite y no lo pida… Quiero estar, no perderme nada y lo que me pierda que lo cuenten haciéndome sentir que estaba allí… Quiero seguir sintiéndome útil, querida, parte de la vida, parte de Mi Gente… Quiero seguir teniendo la capacidad de disculparme, de pedir perdón cuando cometa errores… quiero seguir luchando por aquello que creo que merece la pena… quiero…

Y para terminar… quiero un libro, quiero que me traigáis una historia. Ninguno en particular, sólo será la pequeña prueba material de que esta carta llegó a su destino.


¡Ah! Lo olvidaba, haced que esta noche sea mágica para todos aquellos que aún cuidamos de nuestro pequeño niño interior…
                      (Pondré leche y galletas… como siempre…)

lunes, 31 de diciembre de 2012

...despacito, que me gusta más


Aún estoy… en ese estado…  aunque si lo pienso, siempre lo estoy. Siento no poder dejar de pensarte, pero te guardo en el alma, las has calado, tatuado sin preguntar. Dicen que el mayor error del ser humano es intentar sacarse de la cabeza lo que habita el corazón… Me tiritan las piernas… y no es porque fuera haga tiempo acorde con las fechas, sigues siendo tú…

No he elegido, pero siento; no he buscado pero encuentro… trato (¡¡vive dios!!) de no pensar y las imágenes me asaltan a cada momento (no sé cómo evitarlo); sin lagunas... y despacito…

No quiero conformarme, estoy harta de dejar que la vida pase; y lucho hasta donde las fuerzas me lo permiten; pero soy muy consciente que cada uno está donde quiere estar… los sueños se persiguen; los problemas se solucionan; los errores se subsanan; y las complicaciones se simplifican… al final la vida no es tan complicada…

Dime que estas donde quieres estar y eres feliz; me vale… quiero que seas feliz, pleno… sólo quiero eso.

martes, 18 de diciembre de 2012

Delirios febriles



Acariciaba mi nombre al pronunciarlo, aunque eso fue en otro tiempo. Me acurrucaba bajo su piel, sintiendo el calor que adormilaba mi mente y despertaba sensaciones olvidadas. Su voz sabía a escondido deseo no pronunciado… Mas otros tiempos han llegado, todo quedó bajo la arena del reloj que presidía mi turno.

Tiempo tornado a menos, tiempo de consejos enojados, tiempo de despreciadas despedidas, tiempo atropellado… aunque ese era mi tiempo… impresiones ignoradas pero dolorosas.

Soy reina de mi silencio para evitar ser esclava de mis palabras. Aún desconozco qué pasó o cuál fue el detonante… la información abroncada ya la conocía, no necesitaba el mal gesto… ¿revulsivo? no funciona así, no cuando el momento había sido precedido por instantes de agradable conversación… unos metros y unos minutos cambiaron la situación…

Añoro el tiempo sin prisas, las miradas mudas llenas de significado, la naturalidad de los abrazos, los besos inocentes, las conversaciones insaciables, las cómplices sonrisas… añoro los consejos de amigo…

El miedo levanta muros y con ellos llena de trampas los sentimientos. Evito mirar atrás, pues tras de mí no hay nadie… si infinitas caídas. Y me quedo del lado de la puerta que conozco aún a sabiendas que tras el umbral no hay precipicio, como mucho otro doloroso revolcón vital del que (seguro) aprendería algo nuevo. Y me escondo en los mordidos besos de los recuerdos, que inconscientemente me golpean día a día. Y encuentro que aquello que quise pensar inédito, era (simplemente) algo más. Instintivamente guardo mis gestos tras detalles íntimos que imagine exclusivos, los hice exclusivos y los escondí ante los ojos públicos ¡que mejor lugar! (¡inocente!).


… …
Cada día vuelvo a perderme… en ti y contigo… sin elegirlo, sin provocarlo… sin querer.

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