miércoles, 18 de abril de 2018

...volver a los puntos suspensivos...


Quiero volver a descubrir…
…la sonrisa en tu cara, esa que iluminaba mi día…
…el olor a libro nuevo, ese, escogido de entre tantos…
…el primer atardecer del verano, presagio de días cálidos…
…el serpentear del fuego en la chimenea, el chisporroteo…
…esa mirada sorprendida del niño al que le has sacado la lengua, y una sonrisa…
…el sonido de tu risa…
…la emoción contagiosa del viaje…
…
Quiero volver a descubrir…
…mariposas en el estómago…
…miradas llenas de palabras…
…caricias furtivas…
…el deseo contenido…
…la explosión del momento, del ahora…
…la intimidad acurrucada en esa curva de tu cuello…

…las carcajadas al descubrir que las palabras son oídas sin pronunciarlas…

Quiero cerrar los ojos y volver a sentir…
Quiero volver a descubrir, volver…


martes, 20 de febrero de 2018

...martes inconexo...


…y el tiempo corre sin mirar atrás; sin hacer prisioneros; sin miramientos; sin tregua; sin el más mínimo ápice de compasión…
…y atrás van quedando palabras disparadas en el fulgor del momento, promesas incumplidas, recuerdos ruborizados… incluso personas que no fallaron pero fueron olvidadas…
…y allí, donde se difuminan los trazos de lo vivido, allí me encuentro repasando con esmero y temor todo aquello que no quiero olvidar, palabras dichas, promesas incumplidas, recuerdos remodelados, personas infinitas… repaso con cuidado sus finas líneas para que su significado perdure en mi. No quiero que desaparezcan, por muchos y variados motivos, pero sobretodo porque son prueba de que el tiempo fue regalado, recibido, incluso robado y mereció un trocito de papel donde su esencia quedó plasmada. Imagino que el miedo a no recordar es común a muchas personas, a veces se manifiesta como un gran agujero negro que todo se lo traga, y otras tan vivido como un retrato hiperrealista donde el más mínimo detalle hace que cerremos los ojos y sintamos…
…y mientras recuerdo, no puedo evitar pensar que el tiempo me roba tiempo presente, supongo que no es más que un pensamiento eterno que de vez en cuando me ataca sin previo aviso.

Supongo que la razón de todo esto, es que hoy he leído en algún sitio que somos esclavos de nuestro pasado, y no estoy del todo de acuerdo con esa afirmación tan rotunda; somos esclavos de los recuerdos (a veces, siempre que no aprendamos), del tiempo no repasado por la desidia o la insignificancia del momento, somos eternos en el pensamiento que provoca una sonrisa de alguien repasando las finas líneas que un día regalamos…

viernes, 8 de enero de 2016

Bendita duda...



El tiempo nos hace cada día un poco más especiales. De una manera muy sutil, eso sí.
Nos hace más cautos o cobardes (dependiendo de la edad de la persona que utilice el adjetivo); nos hace más reflexivos o miedosos; nos hace más seguros o prepotentes; nos hace más solidarios o caritativos…; nos hace más…
El continuo martilleo de las agujas del reloj va consiguiendo que aquello que creía una verdad irrefutable, se convierta en una afirmación personal con matices que hacen que el planteamiento “irrefutable” se convierta en una afirmación personal llena de pequeños detalles, que (por suerte) lo transforman en algo íntimo y propenso a albergar dudas. Claro, que todo esto, es una percepción personal sobre mí que contrasta con lo que (últimamente) creo observar a mi alrededor.
Imagino, que sin darnos cuenta, mientras Cronos no sea derrotado, nos vamos convirtiendo en seres de manías que nos hacen únicos: la forma de mover la cucharilla en la taza de café; la repugnante seguridad con la que afirmamos ciertas ideas; la condescendencia al tratar con personas de nuestro entorno; la falta de retrospección y sinceridad a la hora de medir nuestros actos y los del vecino; los pequeños detalles que delatan la falsa empatía de la que hacemos gala… Manías que se convirtieron en eso, en manías, cuando dejamos de prestar atención y pasamos a adorar nuestro ombligo.
Al igual que yo, mis amigos se van haciendo mayores. Todos ellos son capaces de señalar estas manías únicas en los demás; solo algunos son capaces de plantearse que probablemente sean poseedores de tan pingüe regalo; y pocos son capaces de reconocer las suyas.
Quiero creer que yo estoy a caballo entre los segundos y los terceros (en un intento de ser positiva). Me esfuerzo cada día para no convertir esas cualidades positivas que tengo (alguna tendré) en esas manías únicas que por otro lado, seguramente afectarían (o afectan) a mi relación con los demás. Tarea ardua y laboriosa que procuro hacer más liviana dudando de todo aquello que en otros tiempos me parecía irrefutable. Y si esto, no lo consigo (cosa que pasa en más ocasiones de las que me gusta reconocer), procuro calzarme los zapatos del otro. A veces las conclusiones y decisiones que nacen de todo esto no son fáciles de llevar a cabo, pero como no puedo cambiar el mundo, al menos que el mío sea un poco más justo y agradable.
Bendita duda…

lunes, 27 de abril de 2015

...vivo

Sonrió, no por nada en especial, pero era lo que tenía que hacer en aquel momento. Tras aquella sonrisa había un torbellino de pensamientos y sensaciones que se estrellaban una y otra vez contra el mismo muro.
El círculo vicioso en el que se sentía inmerso desde hacía mucho tiempo, volvía a hacerse real. No se lo podía creer. De nuevo se había relajado, los muros habían desaparecido, y de nuevo se veía sorprendido por sensaciones y sentimientos incontrolables. Ahora, solo podía volver a desempolvar la jaula, encerrarlos y dejarlos morir de inanición.
No sabía muy bien cómo podía haber pasado, pero había pasado. Quizás demasiadas conversaciones, demasiados momentos de risas, demasiadas miradas, demasiadas complicidades, demasiados silencios, demasiadas confidencias, demasiada naturalidad, demasiado…
Simplemente tenía que coger aíre, y dejar salir aquello que racionalmente pensaba, y eso hizo.
Las razones, esas que inclinaban la balanza a favor del “solo quiero que esté bien, todo lo demás no tiene importancia” eran obvias, al menos para él; edad; vivencias; otras personas… Nunca sería suficiente para nadie, o al menos no era suficiente para ella. Así lo pensaba, así lo creía, aunque no era lo que sentía, aunque pronto lo sentiría. El tiempo, ese, volvería a jugar sus cartas con implacable rectitud.
Volver a levantar muros, reparar la coraza, y disfrutar de su rutina diaria, sabía que debía curarse, ahora que la herida aún no era profunda. Estaba a tiempo para romper ese círculo vicioso que tanto lo atormentaba… Tan solo necesitaba dejar de ver señales donde había normalidad, y eso ya lo había hecho antes, así que esta vez sería más fácil…

Atormentado, frustrado, acongojado (acojonado), desilusionado, entristecido, abrumado… pero de nuevo se sentía vivo…

martes, 9 de diciembre de 2014

Préstame dos minutos...

…Y cuando llegue la noche, al final del día, guárdame un ratito, para poder espantar juntos esos fantasmas que durante el día han ido enganchando cadenas a los pasos dados.

…Y claro que me gustaría acurrucarme en ese hueco tan acogedor que tienes entre tu cabeza y tu hombro; si no lo reconociera me estaría mintiendo; mas tú ahí… y yo aquí…

…Mas préstame ese ratito para cuidarte sin cuidarme y quererme mientras te cuido…

Ojala, algún día encuentres eso que buscas o que perdiste… y espero que sea capaz de reconocer esa intensidad pura y deseo atávico que escondes en la mirada… a la que muy a mi pesar no soy inmune…

Nunca supe esperar, nunca lo he hecho, siempre he querido sin acuerdos previos; sin red de seguridad, no aprendí a cuidarme y a estas alturas no creo que sea capaz de hacerlo… y además, soy demasiado sensible a las personas capaces de hablar con los ojos, capaces de besar con la mirada…


…Y cuidarte mientras te pienso y quererme mientras te cuido…


miércoles, 14 de mayo de 2014

...sílbame...

Últimamente, no encuentro palabras para describir las situaciones que se dan a mí alrededor, y lo peor de todo es que tampoco las encuentro para describir como me hacen sentir. Supongo que me estoy haciendo mayor, que mis canas ya no son exclusivamente visuales, ahora se están convirtiendo en ejemplos claros de mi desasosiego personal (y tengo unas cuantas). Aunque también he de escribir que la sensación que tengo es que sigo siendo una niña, de las que creen que cuando se dice algo es cierto, de las que piensan que las promesas se cumplen, de las que sienten de verdad y dicen la verdad, de las que inventan cuentos y tienen sueños, de las que sienten que el refugio más seguro es el que la familia presta y los amigos dan; de esas niñas que todos tratábamos de no ser y en el fondo éramos.

Así que al parecer tengo una clara descompensación entre lo que mi cuerpo dice que soy y lo que yo creo que soy (y cuando digo “soy”, me refiero a “siento”). Mi cuerpo quiere que sea adulta, que vista como una señora de caderas anchas y redondeces varias; y yo quiero seguir con mis vaqueros viejos, mis camisetas desgastadas, mis zapatillas… Mi cuerpo quiere que acepte que los demás tienen sus vidas y eso les excusa a la hora de empatizar; y yo quiero que a pesar de que cada uno tiene su vida y las prioridades cambian, haya cosas que no cambien nunca… Mi cuerpo quiere que deje los sentimentalismos aparcados; “las cosas son así” no para de repetirme;  y yo quiero…

Y yo quiero que la vida transcurra, pero seguir sintiendo que necesito de mi gente y que mi gente está ahí; seguir sintiendo que soy necesaria para los míos, para mi gente, para mis amigos… Y a veces eso solo significa un mensaje que diga “me lo pasé genial, me hubiera encantado que estuvieras” o “he tenido un día de perros, ¿qué tal el tuyo?” o “oí esto y me acordé de ti”…


Quizás parezca sencillo, pero al parecer no lo es…




martes, 29 de abril de 2014

No sé vivir comedida...

No sé vivir comedida, no sé hacerlo… es más, no quiero hacerlo. Y con ello no digo que no haya que tener mano izquierda, o ser cortes o educada, en ocasiones ridícula incluso los hay que se atreverían a llamarlo hipocresía. Otros me acusarían de exceso de sensibilidad, de empatizar en demasía. Cada uno que lo vea como quiera (no soy nadie al fin y al cabo). Lo que sé y la gente que me conoce sabe que… no sé vivir comedida…

Cuando río; río de verdad...
Cuando lloro; lloro de verdad...
Cuando estoy triste; lo estoy de verdad...
Cuando beso; beso de verdad...
Cuando muerdo; lo hago de verdad...
Cuando me lo paso bien; lo hago de verdad...
Cuando protejo; protejo de verdad...
Cuando quiero; quiero de verdad...
Cuando halago; halago de verdad...
Cuando amo; amo de verdad...
Cuando disfruto;…
Cuando vivo;…

No sé vivir comedida, no sé. Las medias tintas pueden estar bien, pero no para mí. Puedo aparentar durante cinco minutos e irme y dejar la sensación deseada; si esos cinco minutos se alargan, esa sensación será posiblemente equivocada. No sé ser comedida, quizás un error importante, quizás debería aprender… 

(También debería aprender a no escribir con más de 38ºC de temperatura, pero eso no sé lo contaré a nadie, ni tú tampoco… shhhhh)




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