jueves, 26 de abril de 2018

Chiquilladas coreografiadas...


Trate de prometerme a mi misma que no escribiría esto, no es buena idea, pero  la batalla entre la discreción y la impotencia no está siendo nada equilibrada, así que voy a abusar de vuestra confianza y os contare una pequeña historia.

No hace mucho tiempo, mientras corríamos a trabajar, un grupo de chiquillas hacían planes para salir de la ciudad y jugar uno de esos partidos de los que tanto disfrutaban. A pesar de que todo el grupo daba por supuesto que Minerva llevaría su coche, ésta estaba cansada y no tenía los mismos planes. Así que buscaron ayuda y el padre de Hebe, muy generosamente, alquiló uno para la ocasión. El día fue estupendo, jugaron el partido y regresaron a la ciudad. Alguien debía hacerse responsable de las llaves del coche alquilado y Hebe pidió a Vesta que lo hiciera ella. Vesta, con cuatro de sus compañeras, fue a dejar el coche bien aparcado. Vesta se quedó con las llaves. En ese trayecto, como es lógico, las conversaciones siguieron y con ellas ciertos comentarios que a Vesta no le resultaron ni agradables ni justos. Hablaban de la actitud de Minerva. Vesta que se considera amiga de Minerva llegó a casa y lo comentó. Su madre, trato de que no le diera mucha importancia, pero Vesta mostraba una preocupación enorme por el enfado de Minerva si no se lo contaba. Después de una noche larga, a la mañana siguiente consideró que lo mejor era contárselo a Minerva, y aunque sabía que su primera reacción sería dura, se arriesgó y lo hizo. Como era de esperar, Minerva tomó una decisión bajo la influencia del enfado, y anunció a Vesta que lo dejaba, que estaba harta. Vesta, preocupada por su compañera y amiga lo comentó a su familia y después de darle muchas, muchísimas vueltas consideró que contárselo a Mercurio sería al menos un punto de partida para que Minerva considerase cambiar su decisión, era consciente que Minerva se enfadaría pero estaba dispuesta a correr el riesgo para evitar que su amiga dejara algo que le gustaba.

Tras todos estos acontecimientos, y como era de esperar, el resto del grupo se enteró de lo sucedido, entre ellas Hebe, que en un principio decidió apoyar a Vesta. Pero esto no iba a durar mucho tiempo. Al finalizar uno de sus entrenamientos decidieron hablarlo entre todas y para sorpresa de Vesta y después de escuchar la versión coreografiada de la conversación del resto de los ocupantes del coche de alquiler, Minerva y Hebe pasaron a creer al grupo uniéndose a ellas en los reproches, insultos y comentarios hirientes que en aquel momento consideraron oportunos.
A Vesta le esperaba otra noche dura, llena de preguntas, dudas y lagrimas, no fue capaz de pegar ojo. Había pensamientos que su cabeza no le permitía abandonar: “después de una conversación, los participantes siempre tienen una percepción diferente de lo hablado, hay pequeños matices que para unos son más importantes y para otros pasan desadvertidos, pero las palabras dichas, simplemente son, se dijeron” “Puedo haberme equivocado en la interpretación, quizás su intención no fue la que yo entendí, pero las palabras se dijeron”. Esa duda sobre si misma, la hacía generosa con la situación, intentaba ponerse en el lugar de sus compañeras, incluso admitía que podía haberse equivocado, lo único que no entendía era ese ensañamiento que había sufrido.

Ahora Vesta se enfrentaba a otra difícil decisión, ir al siguiente partido o no, puesto que al último entrenamiento ya había dicho que no iría. Sabía que cualquiera que fuese su decisión ella sería la ajusticiada de nuevo, aún así, y lejos de huir (que era lo que el cuerpo le pedía, meterse en la cama y que el tiempo pasase), lejos de huir, opto por el bien común y fue al partido. Curiosamente se vio sorprendida por una decisión técnica (tramada días antes) y jugó su partido desde el banquillo, su reacción resulto ser muy generosa, ayudó a sus compañeras, animó sin desfallecer, y mantuvo el tipo lo mejor que pudo en aquella situación. Por desgracia, aquella realidad, no paso desapercibida para los asistentes. Público y equipo rival se preguntaban qué estaba pasando, por qué Vesta no estaba jugando. Entre los espectadores había personas grabando y subiendo videos a las redes sociales. La noticia corrió como la pólvora. Durante el descanso, Hércules, uno de los miembros del club de Vesta, le preguntó y al ver su cara, no necesitó muchas explicaciones. Hércules, rescató a Vesta de la pregunta que todos le hacían, explicando, con una pequeña falacia la situación y tratando de tranquilizar el ambiente. “Vesta tiene molestias en una rodilla, por eso no puede jugar”. Pero claro, las redes sociales hicieron su función y llegaron las llamadas, los mensajes, los audios desde muchos sitios, ciudades. Las personas que conocían a Vesta o habían jugado con ella, podían asegurar sin temor a equivocarse que Vesta no se había quedado por decisión propia en el banquillo, por muy lesionada que pudiera estar, a algunos no les cuadraba la explicación y se preocuparon por Vesta, otros simplemente querían cotillear. Las respuestas de Vesta fueron superficiales e inocuas, tanto para el equipo como para el club.

Al finalizar el partido, Hércules acercó a Vesta a casa, con la promesa de hablar largo y tendido durante la semana. Más tranquila aunque con una tristeza palpable en la cara, Vesta siguió recibiendo toda clase de mensajes, audios, videos, llamadas entre las cuales se encontraba la de Mercurio, para interesarse  por ella, y saber si la decisión había sido suya o del equipo, la conversación duró medio minuto, no más, y sus contestaciones de nuevo generosas, e inocuas para el equipo, aunque sin faltar a la verdad. Esta vez, las interpretaciones coreografiadas no iban a resultar, puesto que todo el que estaba en aquel pabellón vio lo que pasó, hasta el entrenador del equipo rival, dándose cuenta de la situación tan tensa vivida, ya que muchas las compañeras de Vesta no le dirigieron la palabra, incluso alguna le llegó a negar el saludo, cogió a Vesta y la abrazó, gesto que ella agradeció enormemente puesto que se sentía humillada, desterrada…

Faltaban dos partidos para finalizar la temporada, Vesta hubiera pactado con Cronos para que se diera prisa y corriera hasta la fecha fin, pero sabía que su deseo no podía cumplirse. El cansancio mental, la sensación continua de que tenía que defenderse de ataques gratuitos, ese linchamiento silencioso estaban haciendo mella. Sus compañeras no se habían puesto en contacto con ella, exclusivamente Mercurio y Hércules para hablar más sosegadamente sobre la situación. Esas conversaciones relajadas, aunque conmedidas, no vomitaron en ningún momento ni una sola palabra contra su equipo, es más, Vesta siempre dio una versión, su versión de la situación, sin dañar y sin faltar a la verdad siendo muy consciente que no estaba en posesión de la verdad absoluta, verbalizando mientras reprimía las lagrimas que su versión nunca intento hacer daño a Minerva.
Lo que Vesta no contaba, no le parecía que fuera el momento, era lo que en su casa habían estado viendo durante toda la temporada. Vesta solo falto a dos entrenamientos hasta el día del partido, dos. A pesar de los roces personales que se daban en el equipo, en el campo, Vesta jamás se portó mal con ninguna de sus compañeras. Ayudó e intentó proteger a Minerva, y en muchas ocasiones a Hebe, facilitando solucionar malentendidos vividos. Vesta tenía carácter, a veces era difícil, ella era consciente, pero procuraba ser justa con todas sus compañeras. Con la que más injusticias cometió, menos generosa fue y más errores cometió fue con ella misma, con las demás también los cometió, supongo que como todas. Solo que ella fue juzgada injustamente, y castigada públicamente.

Vesta, ayer se planteaba dejar aquello por lo que ha luchado, olvidar su pasión, y comenzar otras cosas como una persona anodina, y pasar por esta vida sin vivirla, y cuando verbalizaba sus intenciones en casa, con su familia, recibió un mensaje que trajo toda la vorágine de nuevo a su cara. Hebe quería saber, si iba a ir a entrenar, quería hablar con ella, después de una larga conversación de wasap, Vesta decidió quedar con Minerva y Hebe para hablar cara a cara. Y de nuevo se vio sorprendida porque no estaban solas, otras compañeras también estaban allí. Hebe le agradeció su actitud durante el partido, y con ella otras compañeras, pero ahí se acabaron todas las buenas intenciones, sus compañeras exigieron que Vesta les pidiera perdón, que les contase sus conversaciones con Mercurio y que actuara como si nada hubiera pasado. Vesta no dio su brazo a torcer y comenzaron los insultos, los ataques personales incluso las amenazas, cuando Vesta llegó a casa, la impotencia campaba a sus anchas, en ella, en su familia, en el hogar. Cuando contó lo sucedido, había cosas que como personas, su familia no llegaba a entender, el linchamiento en grupo siendo tan injustas, sin mirar atrás, sin tener en cuenta lo hecho y dicho por muchas de ellas en situaciones similares a lo largo de la temporada, esa balanza descompensada de los juicios de valor por parte de unas y otras, ese convocar a la jauría y arengar al grupo, pero sobretodo el ensañamiento de Minerva con ella, era cruel, ruin.




Si lo que realmente buscabais era destrozar a Vesta, enhorabuena, la victoria es vuestra. Aunque también espero que cure las heridas y que siga aprendiendo, sin perder la buena intención con la que hace las cosas, sin que pierda esa generosidad con todos obviando los desagravios recibidos y que siga en ese mundo que le apasiona, que enciende su mirada cuando habla de él.
Ahora Vesta negocia con Cronos la llegada de Junio, casi se la puede oír suplicar, encerrada en su habitación bajo las sábanas.

miércoles, 18 de abril de 2018

...volver a los puntos suspensivos...


Quiero volver a descubrir…
…la sonrisa en tu cara, esa que iluminaba mi día…
…el olor a libro nuevo, ese, escogido de entre tantos…
…el primer atardecer del verano, presagio de días cálidos…
…el serpentear del fuego en la chimenea, el chisporroteo…
…esa mirada sorprendida del niño al que le has sacado la lengua, y una sonrisa…
…el sonido de tu risa…
…la emoción contagiosa del viaje…
Quiero volver a descubrir…
…mariposas en el estómago…
…miradas llenas de palabras…
…caricias furtivas…
…el deseo contenido…
…la explosión del momento, del ahora…
…la intimidad acurrucada en esa curva de tu cuello…

…las carcajadas al descubrir que las palabras son oídas sin pronunciarlas…

Quiero cerrar los ojos y volver a sentir…
Quiero volver a descubrir, volver…


martes, 20 de febrero de 2018

...martes inconexo...


…y el tiempo corre sin mirar atrás; sin hacer prisioneros; sin miramientos; sin tregua; sin el más mínimo ápice de compasión…
…y atrás van quedando palabras disparadas en el fulgor del momento, promesas incumplidas, recuerdos ruborizados… incluso personas que no fallaron pero fueron olvidadas…
…y allí, donde se difuminan los trazos de lo vivido, allí me encuentro repasando con esmero y temor todo aquello que no quiero olvidar, palabras dichas, promesas incumplidas, recuerdos remodelados, personas infinitas… repaso con cuidado sus finas líneas para que su significado perdure en mi. No quiero que desaparezcan, por muchos y variados motivos, pero sobretodo porque son prueba de que el tiempo fue regalado, recibido, incluso robado y mereció un trocito de papel donde su esencia quedó plasmada. Imagino que el miedo a no recordar es común a muchas personas, a veces se manifiesta como un gran agujero negro que todo se lo traga, y otras tan vivido como un retrato hiperrealista donde el más mínimo detalle hace que cerremos los ojos y sintamos…
…y mientras recuerdo, no puedo evitar pensar que el tiempo me roba tiempo presente, supongo que no es más que un pensamiento eterno que de vez en cuando me ataca sin previo aviso.

Supongo que la razón de todo esto, es que hoy he leído en algún sitio que somos esclavos de nuestro pasado, y no estoy del todo de acuerdo con esa afirmación tan rotunda; somos esclavos de los recuerdos (a veces, siempre que no aprendamos), del tiempo no repasado por la desidia o la insignificancia del momento, somos eternos en el pensamiento que provoca una sonrisa de alguien repasando las finas líneas que un día regalamos…

viernes, 8 de enero de 2016

Bendita duda...



El tiempo nos hace cada día un poco más especiales. De una manera muy sutil, eso sí.
Nos hace más cautos o cobardes (dependiendo de la edad de la persona que utilice el adjetivo); nos hace más reflexivos o miedosos; nos hace más seguros o prepotentes; nos hace más solidarios o caritativos…; nos hace más…
El continuo martilleo de las agujas del reloj va consiguiendo que aquello que creía una verdad irrefutable, se convierta en una afirmación personal con matices que hacen que el planteamiento “irrefutable” se convierta en una afirmación personal llena de pequeños detalles, que (por suerte) lo transforman en algo íntimo y propenso a albergar dudas. Claro, que todo esto, es una percepción personal sobre mí que contrasta con lo que (últimamente) creo observar a mi alrededor.
Imagino, que sin darnos cuenta, mientras Cronos no sea derrotado, nos vamos convirtiendo en seres de manías que nos hacen únicos: la forma de mover la cucharilla en la taza de café; la repugnante seguridad con la que afirmamos ciertas ideas; la condescendencia al tratar con personas de nuestro entorno; la falta de retrospección y sinceridad a la hora de medir nuestros actos y los del vecino; los pequeños detalles que delatan la falsa empatía de la que hacemos gala… Manías que se convirtieron en eso, en manías, cuando dejamos de prestar atención y pasamos a adorar nuestro ombligo.
Al igual que yo, mis amigos se van haciendo mayores. Todos ellos son capaces de señalar estas manías únicas en los demás; solo algunos son capaces de plantearse que probablemente sean poseedores de tan pingüe regalo; y pocos son capaces de reconocer las suyas.
Quiero creer que yo estoy a caballo entre los segundos y los terceros (en un intento de ser positiva). Me esfuerzo cada día para no convertir esas cualidades positivas que tengo (alguna tendré) en esas manías únicas que por otro lado, seguramente afectarían (o afectan) a mi relación con los demás. Tarea ardua y laboriosa que procuro hacer más liviana dudando de todo aquello que en otros tiempos me parecía irrefutable. Y si esto, no lo consigo (cosa que pasa en más ocasiones de las que me gusta reconocer), procuro calzarme los zapatos del otro. A veces las conclusiones y decisiones que nacen de todo esto no son fáciles de llevar a cabo, pero como no puedo cambiar el mundo, al menos que el mío sea un poco más justo y agradable.
Bendita duda…

lunes, 27 de abril de 2015

...vivo

Sonrió, no por nada en especial, pero era lo que tenía que hacer en aquel momento. Tras aquella sonrisa había un torbellino de pensamientos y sensaciones que se estrellaban una y otra vez contra el mismo muro.
El círculo vicioso en el que se sentía inmerso desde hacía mucho tiempo, volvía a hacerse real. No se lo podía creer. De nuevo se había relajado, los muros habían desaparecido, y de nuevo se veía sorprendido por sensaciones y sentimientos incontrolables. Ahora, solo podía volver a desempolvar la jaula, encerrarlos y dejarlos morir de inanición.
No sabía muy bien cómo podía haber pasado, pero había pasado. Quizás demasiadas conversaciones, demasiados momentos de risas, demasiadas miradas, demasiadas complicidades, demasiados silencios, demasiadas confidencias, demasiada naturalidad, demasiado…
Simplemente tenía que coger aíre, y dejar salir aquello que racionalmente pensaba, y eso hizo.
Las razones, esas que inclinaban la balanza a favor del “solo quiero que esté bien, todo lo demás no tiene importancia” eran obvias, al menos para él; edad; vivencias; otras personas… Nunca sería suficiente para nadie, o al menos no era suficiente para ella. Así lo pensaba, así lo creía, aunque no era lo que sentía, aunque pronto lo sentiría. El tiempo, ese, volvería a jugar sus cartas con implacable rectitud.
Volver a levantar muros, reparar la coraza, y disfrutar de su rutina diaria, sabía que debía curarse, ahora que la herida aún no era profunda. Estaba a tiempo para romper ese círculo vicioso que tanto lo atormentaba… Tan solo necesitaba dejar de ver señales donde había normalidad, y eso ya lo había hecho antes, así que esta vez sería más fácil…

Atormentado, frustrado, acongojado (acojonado), desilusionado, entristecido, abrumado… pero de nuevo se sentía vivo…

martes, 9 de diciembre de 2014

Préstame dos minutos...

…Y cuando llegue la noche, al final del día, guárdame un ratito, para poder espantar juntos esos fantasmas que durante el día han ido enganchando cadenas a los pasos dados.

…Y claro que me gustaría acurrucarme en ese hueco tan acogedor que tienes entre tu cabeza y tu hombro; si no lo reconociera me estaría mintiendo; mas tú ahí… y yo aquí…

…Mas préstame ese ratito para cuidarte sin cuidarme y quererme mientras te cuido…

Ojala, algún día encuentres eso que buscas o que perdiste… y espero que sea capaz de reconocer esa intensidad pura y deseo atávico que escondes en la mirada… a la que muy a mi pesar no soy inmune…

Nunca supe esperar, nunca lo he hecho, siempre he querido sin acuerdos previos; sin red de seguridad, no aprendí a cuidarme y a estas alturas no creo que sea capaz de hacerlo… y además, soy demasiado sensible a las personas capaces de hablar con los ojos, capaces de besar con la mirada…


…Y cuidarte mientras te pienso y quererme mientras te cuido…


miércoles, 14 de mayo de 2014

...sílbame...

Últimamente, no encuentro palabras para describir las situaciones que se dan a mí alrededor, y lo peor de todo es que tampoco las encuentro para describir como me hacen sentir. Supongo que me estoy haciendo mayor, que mis canas ya no son exclusivamente visuales, ahora se están convirtiendo en ejemplos claros de mi desasosiego personal (y tengo unas cuantas). Aunque también he de escribir que la sensación que tengo es que sigo siendo una niña, de las que creen que cuando se dice algo es cierto, de las que piensan que las promesas se cumplen, de las que sienten de verdad y dicen la verdad, de las que inventan cuentos y tienen sueños, de las que sienten que el refugio más seguro es el que la familia presta y los amigos dan; de esas niñas que todos tratábamos de no ser y en el fondo éramos.

Así que al parecer tengo una clara descompensación entre lo que mi cuerpo dice que soy y lo que yo creo que soy (y cuando digo “soy”, me refiero a “siento”). Mi cuerpo quiere que sea adulta, que vista como una señora de caderas anchas y redondeces varias; y yo quiero seguir con mis vaqueros viejos, mis camisetas desgastadas, mis zapatillas… Mi cuerpo quiere que acepte que los demás tienen sus vidas y eso les excusa a la hora de empatizar; y yo quiero que a pesar de que cada uno tiene su vida y las prioridades cambian, haya cosas que no cambien nunca… Mi cuerpo quiere que deje los sentimentalismos aparcados; “las cosas son así” no para de repetirme;  y yo quiero…

Y yo quiero que la vida transcurra, pero seguir sintiendo que necesito de mi gente y que mi gente está ahí; seguir sintiendo que soy necesaria para los míos, para mi gente, para mis amigos… Y a veces eso solo significa un mensaje que diga “me lo pasé genial, me hubiera encantado que estuvieras” o “he tenido un día de perros, ¿qué tal el tuyo?” o “oí esto y me acordé de ti”…


Quizás parezca sencillo, pero al parecer no lo es…




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