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miércoles, 15 de julio de 2020

El discurso (La Segunda Ola...3)


Lía iba a apagar la radio, pero Gaia le pidió que la dejara, aún no había oído el discurso del que tanto hablaban Mosi y su madre.





“Queridos conciudadanos, nos dirigimos a vosotros para haceros saber que no estáis solos. Seguimos trabajando para luchar contra la pandemia. Es cierto que el equipo de gobierno se ha visto mermado drásticamente, pero nos mantenemos firmes y en contacto con los gobiernos de las comunidades autónomas. Hemos de informaros que ante el número de bajas tan elevado entre las autoridades gobernantes nos hemos visto obligados a unificar ciertas comunidades: Principado de Asturias y Cantabria quedan bajo el gobierno de Castilla y León; La Rioja, Navarra y Aragón bajo el gobierno de Euskadi; Castilla La Mancha bajo el gobierno de Madrid y Murcia bajo el gobierno de Andalucía. Estamos trabajando para poder devolver sus gobiernos y competencias a las comunidades asumidas por otras, pero hasta que esto no se produzca mantendremos este esquema comunitario.
Somos muy conscientes que los tiempos que vivimos llenos de crudeza y macabra realidad están superando con creces cualquiera de los escenarios posibles barajados en nuestras previsiones. El peor escenario previsto era mucho mejor que la situación a la que nos enfrentamos.
Seguiremos clasificando mediante colores todos los municipios, con las consecuencias que ya todos conocemos pero que no está demás que volvamos a recordar.
Color negro: ningún vehículo entra o sale; ninguna persona entra o sale; el ejercito llevará a los limites del municipio, alimentos básicos como leche, pan, pasta, arroz, verduras, patatas y fruta para que los ciudadanos confinados lo repartan entre ellos, así como las medicinas básicas que se le asignen. La comunicación con estos municipios es exclusivamente telefónica.
Color rojo: solo el ejercito y sanitarios pueden entrar o salir del municipio y son los que proporcionaran alimentos básicos casa por casa y atenderán a todas las personas que lo necesiten. Rogamos máxima colaboración con ellos.
Color amarillo: están permitidos los desplazamientos una vez a la semana hasta otros municipios colindantes con igual clasificación para compras básicas, atender a familiares, acudir a la farmacia o centros de salud. Los cuerpos de seguridad son los encargados de velar por que estas normas sean cumplidas por todos y tienen total potestad de arrestar de forma inmediata y por tiempo indefinido a quien viole reiteradamente o de manera grave las reglas impuestas.
Color verde: están permitidos los desplazamientos hasta otros municipios, colindantes y seguidos para compras básicas, atender a familiares, acudir a la farmacia o centros de salud. Las personas confinadas en estos municipios pueden pedir un permiso especial para cuidar a familiares en otros municipios con otra clasificación, aunque tienen que ser muy conscientes que al cambiar de municipio y clasificación el desplazamiento es único de no retorno. Las fuerzas de seguridad asignadas a estos municipios tienen total potestad para hacer cumplir las normas dictadas y en caso de incumplimiento multar a la persona infractora, en caso de reiteración se procederá a su arresto y serán las fuerzas de seguridad quienes decidan cuanto tiempo durará dicho arresto.
A la entrada de todos los municipios se dejarán copias suficientes para que todos los ciudadanos conozcan todas las normas impuestas y puedan cumplirlas, así como una lista de los teléfonos a los que pueden dirigir en caso de dudas sobre cómo actuar.
España está trabajando en la obtención de una vacuna mucho más eficaz que la ya proporcionada a la población. Sabemos que el camino hasta conseguirla puede ser más largo de lo que todos deseamos, pero debemos tener un poco de paciencia y cumplir las normas para así salvaguardar la seguridad en la que deben trabajar los científicos que están encargados de llevar a cabo esta importante labor. Se sigue trabajando en varios puntos del país: Madrid, Murcia, Barcelona y Salamanca. Una vez que tengamos la vacuna se fabricará para hacerla llegar a toda la población. Se distribuirá a todas las personas en sus propios municipios sin importar la edad, por eso no será necesario que nadie se desplace hasta el municipio en el que se fabricará que por seguridad permanecerá sitiado y bajo un estricto control del ejército.
Por otro lado, todos aquellos ciudadanos que tengan la desgracia de perder a un familiar, amigo o vecino deberán notificarlo a las autoridades para que se proceda a la retirada y cremación del cuerpo. No están permitidos los enterramientos en los cementerios de los municipios. Una vez notificado seguirá siendo muy importante guardar una cuarentena de 20 días por todos sus contactos, siendo muy escrupulosos en las medidas de higiene, tanto personal como de los espacios utilizados o compartidos con otras personas.
El uso de la mascarilla sigue siendo obligatorio. Conocedores de la escasez de dicho producto en los insuficientes puntos de venta, damos por validas todas aquellas telas utilizadas para su elaboración, siempre y cuando tengan mínimo tres capas; es recomendable meter entre esas capas un filtro que puede ser un pañuelo de papel del que nos deberemos deshacer en cada uso de la mascarilla. La mascarilla, el lavado de manos y la distancia social siguen siendo las únicas medidas de protección que tenemos frente al virus, hagamos uso de ellas.
Conciudadanos, hemos de ser fuertes y pacientes. España está siendo golpeada de manera trágica por esta tercera ola. El virus ha mutado y es mucho mas virulento, se propaga con mayor facilidad por el aire en espacios cerrados, aunque sabemos que también lo hace en espacios abiertos. Hemos de ser prudentes y confiar en que las medidas que estamos adoptando son suficientes para poder hacerle frente de forma eficaz.
Llegará el día en el que podamos reunirnos de nuevo y empezar a reconstruir el país más fuerte, más libre y grande que nunca.”


- ¿Puedes apagarla ya? Llevan emitiendo ese discurso del secretario de estado toda la semana. Casi me lo sé de memoria- protestó Lía- aunque, esa última frase -dijo pensativa- es nueva, es como si alguien la hubiera añadido.
- ¿Cómo la van a haber añadido? -comentó incrédula Gaia.
- Pues yo juraría que esa frase está añadida, es la primera vez que la oigo. - Se apresuró a decir mientras se incorporaba casi asustada- Es la primera vez que la oigo en este discurso, aunque suena a pasado protervo.


martes, 16 de junio de 2020

Estos días, estos momentos...



Ana sale de su turno de noche, que se ha alargado casi 24 horas, exhausta, se mete en su coche y llora.
Hoy ha sido uno de los peores días de su vida, ha tenido que ver como morían dos personas entre sus brazos. No estaban solos, estaban con ella, pero ella piensa que solo es una enfermera que “pierde” un poco de su tiempo en agarrarles la mano, en tranquilizarles, en decirles que no están solos, que hay una desconocida a su lado.
Cuando su llanto se tranquiliza un poco, Ana arranca el coche, se dirige a su casa. Allí le esperan sus hijos. Cada vez que entra por la puerta se le encoge el alma, no sabe si esta vez viene acompañada por el maldito virus.
Al principio de la pandemia, les propuso bajar una cama al garaje cerrado del sótano; se enfadaron tanto con ella que no lo volvió a mencionar. No querían que su madre sufriera más de lo que ya era evidente que estaba sufriendo, y no por realizar su trabajo, si no por la dureza de la situación. Así que, ahora, cada vez que entra en su humilde casa tiene un protocolo que ya ha interiorizado. Llaves y bolso a la caja de plástico que desinfectan sus hijos cuando ella se va. Abrigo a la percha que cuelga de un clavo que han puesto en la pared para que no toque nada. Zapatos a otra caja que sufrirá la misma desinfección que la anterior. Y directa al baño, donde toda su ropa irá directamente a la lavadora. Ana se mete en la ducha y se frota casi compulsivamente el cuerpo. Cuando sale sus hijos la abrazan, son muy conscientes que sus duchas de 20 minutos son de agua, lágrimas, jabón y sollozos. Su cena está esperándola sobre la mesa, y sus hijos se sientan a tomar un tazón de leche caliente y galletas. Quieren estar con ella, contarle cómo les ha ido el día.
“Hemos hablado con los abuelos, están muy bien, te mandan muchos besos. Hicimos videollamada con los primos, están un poco cansados de estar en casa, pero han improvisado una mesa de pin-pon en el salón, la tía no sabe si quejarse o unirse a ellos…”

Ana se mete en su cama con las sábanas limpias, todos los días sus hijos las cambian, no por miedo, porque saben que uno de los pequeños placeres de los que su madre disfruta es el de las sábanas recién puestas. No ha terminado de apoyar su cabeza en la almohada y el despertador está sonando. Un café rápido, besos de buenos días y abrazos de ánimo. Su coche, el trayecto, el hospital… El “uniforme” y sus nuevos pacientes, algunos de los que dejó anoche en sus camas, hoy ya no están. A media mañana necesita parar un momento no se encuentra demasiado bien, hoy el dichoso traje de protección le esta dando más calor del habitual y le está costando respirar.
18 horas después, Ana ocupa una de las camas. Intubada, boca abajo y sola. La doctora le dejó hablar con sus hijos y explicarles lo que pasaba. Ellos ya sabían cómo tenían que actuar, ya lo habían hablado días antes, de lo que no habían hablado era de la impotencia, de la incertidumbre, de la duda de si esas serían sus ultimas palabras. La doctora había prometido llamarles todos los días.
Ana tenia miedo, por todas esas sensaciones encontradas que ahora se planteaba, no podría despedirse de sus hijos, ni ellos de ella, la próxima vez que la “vieran” sería unas cenizas en una urna, ¿cómo iban a superar esto? ¡Maldita profesión! Aunque ella sabía que había nacido para ser enfermera, más que un trabajo era vocación.
Una semana después la pasaron a planta, había superado la primera parte, ahora había que ir asimilando todo lo demás. Dos días después la mandaron a casa, allí debería estar aislada. Sus hijos ya lo habían preparado todo, también habían hablado de ello. Cuando llegó a su casa no pudo evitar derrumbarse al verlos, allí contentos de tenerla con ellos, con una sonrisa y algo demacrados.
Ana volvió al trabajo 20 días después, volvió a agarrar las manos de sus pacientes, volvió a su traje infernal, volvió a su rutina al entrar en casa, volvió a llorar, volvió…
Ella tuvo suerte, como muchos, y superó la enfermedad. Otros no corrieron la misma suerte. No estuvieron solos, estaban con ella, aunque ella solo es una enfermera que “perdió” un poco de su tiempo en agarrarles la mano, en tranquilizarles, en decirles que no estaban solos, que había una desconocida a su lado.


Imagino a Ana leyendo y corrigiendo mi relato. Cuando quiera, me sentaré con ella a escuchar toda la realidad, y toda la crudeza que he tratado de evitar.
Lo he escrito desde un profundo respeto por todas las personas que han perdido y están perdiendo la vida en esta pandemia; y con una enorme admiración por las personas que lo han superado y por sus familias.
Y por supuesto lo he escrito pensando en todas aquellas personas que olvidándose de sí mismas han cuidado de todas las demás, y han agarrado sus manos. ¡Gracias!


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